Amalia Amaya sobre la Admiración en la Moral

Hace unos minutos, acabo de escuchar a Amalia Amaya hablar sobre la importancia de la admiración en la psicología moral en el Seminario de Investigadores de mi Instituto.

Según ella, la admiración no es sólo una aceptación o reconocimiento de excelencia, sino que también es algo que se siente de cierta manera y, lo que tal vez es mas importante, nos impulsa a imitar, apoyar, alabar, etc. a quien admiramos. En otras palabras, la admiración es una emoción, aunque es muy probable que tal vez no sea sólo una emoción. Por ello, si nuestra admiración está bien dirigida, nos sirve para adquirir virtudes de carácter (aunque no es suficiente, claro; es decir, no basta admirar y tratar de imitar a alguien virtuoso para convertirse en virtuoso. A decir verdad, gran parte del interés de Amaya es especificar qué más es necesario o en qué circunstancias la admiración sí lleva a la adquisición de virtudes).

Imitar, en este sentido, no es simplemente copiar, sino convertirse en alguien del mismo tipo. No es superficial, no es solo actuar similar de manera externa, sino tratar de emular de manera interna (lo que uno infiere que motivó a quien imitamos). Por eso el que imita bien no repite las mismas acciones, sino que busca hacer lo que el otro haría en nuestras circunstancias. Y también por eso la admiración no es un proceso enajenante, pues somos genuinamente nosotros mismos cuando imitamos.

Sin embargo, soy profundamente escéptico de la utilidad teórica de la admiración para una teoría de las virtudes de este tipo. Supongamos que admiro a alguien S de la manera adecuada. Si fue de la manera adecuada, esto significa que nuestra admiración está basada en el reconocimiento de un rasgo de carácter C que consideramos valioso/admirable y que, presumiblemente, reconocemos y es valioso/admirable independientemente de que lo tenga esa persona S o no. 

Ahora bien, supongamos que luego yo actúo tratando de adoptar dicho rasgo de carácter valioso C. Dado que yo ya encontraba valioso C antes e independientemente de admirarlo en S, entonces tal parece que mi admiración a S no jugó ningún papel en la explicación de porqué actúe así. A final de cuentas, decir que actúe así porque quise ser C como S, parece ser sólo una manera menos parsimoniosa de decir que actúe así porque quise ser C. En otras palabras, creo que no hay ninguna ventaja teórica en apelar a la admiración para una teoría de las virtudes.

Pueden ver la conferencia completa aquí:

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