Ira y Reconciliación

Este martes tuve la oportunidad de escuchar a Diana Rojas hablar sobre su trabajo de investigación sobre emociones políticas colectivas y, en particular, sobre la relación entre ira y reconciliación. Su pregunta central es qué papel juegan, de hecho, las emociones en general, y la ira en particular, en los procesos de reconciliación, especialmente, la reconcilación política.

Es obvio que la ira está de hecho involucrada en los conflictos sociales y políticos.. No hay nada controversial en reconocer que si hay algo de que reconciliarse (un daño, un conflicto, etc.) hay algo de lo que enojarse. Pero la pregunta es si a la hora de determinar cómo es posible reconciliarse, cómo sería la manera mas justa y/o la mas plausible de lograr la reconciliación, debemos tomar en cuenta o no el componente emocional y, mas en particular, el que los agentes involucrados comúnmente están enojados. Tu hipótesis de trabajo parece ser que sí, que no podemos ignorar la dimensión emocional del conflicto. Por ejemplo, si parte de la reconciliación requiere la reivindicación de las víctimas, parece importante que parte de esta reivindicación incluya el reconocimiento de la ira que genero el daño y para esto puede ser casi necesario la expresión del mismo. 

Pero su plática también me levantó varias preguntas cómo:

  • ¿Hay una obligación moral o política a expresar nuestro enojo, especialmente el enojo ‘apto’ – es decir, basado en una injusticia real y proporcional a ella – de manera no violenta?
  • ¿La responsabilidad de la reconciliación es mutua o descansa solamente en quienes no son inocentes?
  • ¿Es posible reconciliación sin perdón?

Estos son algunas otras cosas más que también me hizo pensar su plática y la discusión que le siguió:

  • Según Naussbaum, según Rojas, cuando estamos enojados, queremos vengarnos, queremos que se reinstale nuestra dignidad, y queremos justicia, pero solo lo tercero es algo que debamos buscar, especialmente si dicho deseo de justicia viene acompañado de esperanza y empatía
  • La ira es reactiva, pero no es claro a qué se reacciona, aunque presumiblemente hay un elemento evaluativo  – es decir, cuando nos enojamos, manifestamos que, para la persona que experimenta la ira, se afecta de manera negativa a algo que es valioso para ella. Llamar a esto ‘daño’ ya sesga a favor de evaluaciones acertadas, pero es claro que la ira humana no es epistémicamente confiable, es decir, nos enojamos de manera injustificada de manera tan común que no podemos confiar en nuestra ira para decirnos si de hecho somos víctimas o no.
  • La ira es como la sed: en sí misma es displacentera, pero saciarla sí es muy placentero. 
  • Pero la razón principal porque en la literatura se sigue diciendo que la ira, en mi opinión, es una emoción negativa es porque te dispone a actuar y pensar de manera subóptima: tienes menos paciencia, ‘se te nubla’ la razón, etc.
  • En consecuencia, la ira también es desagradable para quienes te rodean, por una mezcla de empatía y porque son ellos quienes mas comúnmente sufren de tus reacciones.
  • Decir que es una prerrogativa de las víctimas el no perdonar (que es una tesis normativa) no es lo mismo a que no se les puede obligar a perdonar (que es una tesis descriptiva).
  • Cuando me enojo por lo que me hiciste, no es tanto que me hiciste enojar, sí fui yo quien me enojé, pero aun así sigues siendo responsable de mi enojo.
  • No hay reconciliación ni justicia en la resignación.

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